2 de marzo de 2013


Si no cambiamos no daremos los frutos del reino

Muchos creyentes nos escandalizamos de las prácticas que realizan las personas de otra religión, en particular de la terquedad con que hacen su propaganda.

No ponemos atención al amor a Jesucristo del que ellos son portadores y los mueve a recorrer las calles anunciando el Evangelio desde su manera particular de comprender a Dios. No tenemos mucha preocupación por dar los frutos de Jesús

Nos escandalizamos cuando algún desconocido pasa a hacer las lecturas de la Palabra, pero no nos fijamos en su parecido con la persona de Jesucristo, ni en sus buenas obras.

Remarcamos más la observancia de leyes y costumbres que la práctica de la misericordia, que es el verdadero fruto del reino.

Nos escandalizamos de la forma de vestir de algunas personas en particular si son jóvenes. Hacemos oídos sordos a su voz que se alza en reclamo de un mundo más justo para todos, más incluyente.

 

Las lecturas de hoy nos revelan cómo es Dios y cuál es su proyecto. ¡Qué falta nos hace conocerlo, para que nuestro trato hacia los demás, sea conforme a lo que Dios es y lo que Dios quiere¡

Cuando el libro del Éxodo nos relata la vocación de Moisés nos presenta a Dios con estas expresiones "He visto la humillación de mi pueblo en Egipto, y he escuchado sus gritos cuando lo maltrataban sus mayordomos.

Yo conozco sus sufrimientos, y por esta razón estoy bajando, para librarlo del poder de los egipcios y para hacerlo subir de aquí a un país grande y fértil, a una tierra que mana leche y miel, al territorio de los cananeos, de los heteos, de los amorreos, los fereceos, los jeveos y los jebuseos.

El Dios de Moisés es el que ve, el que oye, el que conoce el sufrir del pueblo: el dios misericordioso que toma partido por él.

 

El salmo que leemos nos revela el rostro de Dios y se resume en la frase: El Señor es compasivo y misericordioso.

 

Las palabras de Jesús que escuchamos hoy -¿Piensan que esos galileos eran más pecadores que los demás, por la suerte que han sufrido? Les digo que no; y, si no cambian de vida y de corazón también ustedes perecerán.

Y aquellos dieciocho que murieron aplastados por la torre de Siloé, ¿piensan que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Les digo que no; y, si no cambian de vida y de corazón también ustedes perecerán.

Y en la parábola que cuenta a continuación, nos presenta la actitud de de Jesús hacia los pecadores. -Señor, déjala todavía este año; entretanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol; Puede ser que así dé fruto en adelante y, si no, la cortas".

 

El Padre de la misericordia, el que ve, que escucha y conoce el dolor de los seres humanos nos invita a ser misericordiosos como El es misericordioso.

Si no cambiamos de manera de vivir y de actuar para pensar, sentir y actuar como el Padre no tenemos derecho a estar a su lado.

Si sólo nos fijamos en las limitaciones que tienen los demás y si no somos capaces de valorar el bien que aportan, y si sólo presumimos del bien que hacemos, y no somos capaces de tomar conciencia de nuestras propias faltas no podremos construir la comunidad de Jesús.

No estaremos dando los frutos del Reino.

¿Qué frutos espera Jesús de nosotros, en este tiempo y en este lugar?

¿Qué cambios tenemos que hacer para darlos?

CCR

 

 

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