9 de marzo de 2013


Con una fiesta reforcemos nuestro compromiso

Con Dios y con su proyecto

Si algún desconocido asiste a algunas de nuestras celebraciones dominicales, encontrará que hay aburrimiento, que no se nota la alegría y que es mínima la participación del pueblo.

Las personas, por lo general,  asisten a la celebración, para cumplir con una obligación, para tranquilizar la conciencia y poco se comprometen a vivir el amor a Dios y a los hermanos y a colaborar en la construcción del reino de Dios.

Por diferentes motivos históricos hemos hecho excluyente la participación de los fieles, estableciendo normas y leyes que impiden la participación de muchos.

 

La página del libro de Josué que leemos hoy, es parte de la obra de los teólogos deuteronomistas, que comprende los libros de Deuteronomio, Josué, Jueces, 1 y 2 de Samuel, 1 y 2 de Reyes.

Los biblistas actuales consideran que fue terminada después del exilio y quiere servir como norma para los que regresan del  exilio y vuelven a tomar posesión de la tierra de sus mayores.

Retoma la memoria del pasado: la toma de posesión de la tierra prometida de modo que los que regresan del exilio recuerden que la tierra que hoy van a ocupar es don de Dios, que les ha quitado el oprobio del exilio.

Hoy, los israelitas han de celebrar el retorno, poniendo la fiesta de pascua como el centro de la vida, comprometiéndose con Dios y con los demás hermanos a construir una sociedad donde haya libertad, donde no hay impuestos ni trabajos forzados

 

En el Evangelio aparece  Jesús, criticado fuertemente por los hombres del sistema, los escribas y fariseos, por el hecho de acoger a los cobradores de impuestos y pecadores y además comer con ellos.

La parábola del “Padre misericordioso”, mal llamada del hijo pródigo, es la respuesta que da Jesús a los ataques de sus enemigos.

El padre, apremiado por el hijo menor, reparte sus bienes y, cuando el hijo los despilfarra en forma disoluta y se convierte en piltrafa humana, recapacita y decide volver, el padre, sale a su encuentro y lo recibe con abrazos y besos. Le proporciona sandalias, lo viste, le reconoce la dignidad de hijo y lo celebra por medio de un banquete.

Los defiende de los celos del hijo mayor que se  niega a la convivencia con el que se ha apartado de la casa.

El padre hace esta reflexión, Había que alegrarnos y hacer fiesta porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y lo hemos encontrado.

La fiesta refuerza el amor entre el padre y el hijo y a la vez con el hermano observante.

 

Celebrar la Cena del Señor ha de significar para nosotros vivir a fondo la alegría y la fraternidad,

Celebrar la Cena del Señor ha de significar para nosotros un compromiso para reforzar el amor al Padre y a los hermanos y un compromiso por construir el Reino de Dios.

Celebrar la Cena del Señor ha de significar para nosotros luchar para nuestra asambleas sean incluyentes y propicien la participación de todos

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