28 de junio de 2014


Cimiento y columnas de la comunidad cristiana

 

En todas las construcciones el cimiento y las columnas sirven de base, sostienen y dan fortaleza al edificio. El cimiento se coloca en la parte inferior y las columnas al lado, nunca en la parte de arriba.

En la Iglesia se considera cimiento y columnas a los pastores que están al frente de las diferentes comunidades.

Pero en el ejercicio de la autoridad, en la Iglesia, el cimiento y las columnas se colocan por encima de la comunidad y no sostienen, sino que son sostenidas por la comunidad, y las comunidades inmediatas sienten hacia ellas más temor que amor.

 

El libro de los Hechos nos refiere que mientras Pedro está en la cárcel por disposición del rey Herodes Agripa I,  la comunidad cristiana hace oración ferviente por él.

Entre el cimiento (Pedro) y el edificio (la comunidad) hay una relación fraterna, de amor, de apoyo mutuo, que se muestra en la oración comunitaria.

La Carta a Timoteo pone en boca de Pablo estas frases: “Yo ya estoy para ser derramado como una ofrenda de libación, y el tiempo de mi partida ha llegado. He peleado la buena batalla, he terminado la carrera, he guardado la fe”.

Es esta entrega, (la vida ofrendada), esta fidelidad en la lucha, lo que distingue a los que Jesús eligió para ser cimiento y columnas de su comunidad.

En el Evangelio de hoy, Pedro declara que Jesús es el Mesías (El enviado del Padre) y Jesús lo llama bienaventurado por esa confesión de fé, y le promete constituirlo cimiento de su comunidad.

La comunidad de Jesús, de la que Pedro es cimiento, ha de ser el nuevo pueblo de Dios, en el que todos participan, un pueblo de servidores, un pueblo misionero.

A este pueblo se entra por el bautismo que confiere la mayor dignidad: la de ser hijos de Dios, Sacramento que nos introduce en una comunidad de hermanos.

Esta comunidad es un pueblo que se nutre de la Biblia y es la Biblia la que da vida a toda la Evangelización y Catequesis.

Es una Iglesia que, como Jesús y con Él, hace una opción por los pobres.

Pedro y sus sucesores en distinto grado serán cimiento, en la medida que, antes que los demás, confiesen, con hechos y con palabras, que Jesús es el Mesías que viene a entregar su vida por todos.

Serán cimiento en la medida en que sostengan, impulsen y unifiquen, en el amor de Jesús, a la comunidad de creyentes a la construcción del Reino.

 

Celebrar a San Pedro y San Pablo ha de significar para cada uno de nosotros ayudar a que los pastores sean cimiento y columnas que cargan sobre sí el peso de la comunidad y promueven la unidad desde el amor y no desde el temor.

Celebrar a San Pedro y San Pablo ha de significar para cada uno de nosotros ayudar a los pastores a que como Pablo lleven una vida entregada al servicio de los más pequeños.

Celebrar a San Pedro y San Pablo ha de significar para cada uno de nosotros confesar con hechos y palabras que Jesús es el enviado del Padre y el centro de nuestra vida.

Celebrar a San Pedro y San Pablo ha de significar para cada uno de nosotros un esfuerzo permanente por seguir a Jesús sin esperar recompensas, compartiendo y aceptado la cruz de la incomprensión y de la crítica que nos vienen en la lucha por el Reino.

Felicidades a mis hermanos que celebran hoy su aniversario de ordenación sacerdotal

 Cosme Carlos Ríos

Junio 28 del 2014

 

 

 

21 de junio de 2014


No tengan miedo

En las últimas semanas me he enterado de personas secuestradas: algunas, extorsionadas y maltratadas, han pagado rescate y están en libertad, otras continúan desaparecidas sin ninguna información.

Ante esta situación es misión de los creyentes, acompañar, apoyar y consolar a las víctimas; pero asimismo nos corresponde construir la paz que sólo se obtendrá mediante el restablecimiento de la justicia.

Tenemos que acompañar a las víctimas para exigir que se haga justicia y además de eso, como constructores de paz, nos corresponde organizarnos para reclamar a la autoridad y apoyarla en su tarea de justicia.

El miedo a comprometernos, el miedo a que nos pase algo, la desconfianza en los demás, nos llevan a encerrarnos y paralizan nuestra misión: Hay que vencer el miedo. Esto lo exige nuestra fé en Jesús.

 

El profeta Jeremías vivió la experiencia del antes, durante y después de que el pueblo de Israel fuera deportado a Babilonia tras ser derrotados por los babilonios.

Los jefes de Israel, la casa real, la clase sacerdotal, el ejército y gran parte del pueblo, a pesar de ser un pequeñísimo reino decidieron enfrentar al poderoso imperio babilónico.

Pusieron su seguridad en que los descendientes de David permanecerían siempre en el trono, en que el Templo de Dios era inviolable y la ciudad de Jerusalén (Ciudad de Dios) era indestructible

Jeremías, un hombre pacifista, por encima de su miedo,  se opone a una guerra que ocasionará un gran derramamiento de sangre y por ello es acusado y agredido por los judíos amantes de la guerra.

En medio de esta situación Jeremías exclama: “Maldito el hombre que confía en el hombre. Bendito el hombre que confía en el Señor.

Los lectores originales del Evangelio de Mateo eran personas de origen judío, que, por los acuerdos tomados en la asamblea de Jamnia hacia el año 80, fueron expulsados, atemorizados, y perseguidos por la religión judía reformada.

El capítulo 10 de Mateo, en el comienzo, nos refiere que Jesús reunió y eligió a los Doce y los envió a una misión. Desde el principio los previene que hay la posibilidad de que sean rechazados.

Les advierte que su misión es como irse metiendo en la boca del lobo como corderitos, pero les ordena que no tengan miedo porque tienen un valor grande ante el Padre.

Jesús, por tres veces les repite la advertencia “No tengan miedo”.

 

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy,es necesario que venzamos el miedo para  realizar nuestra misión de acompañar, apoyar y consolar a las víctimas.

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy tenemos vencer el miedo y entender que la lucha contra la inseguridad y contra el crimen organizado no la podemos realizar en solitario sino unidos y organizados,

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy  tenemos que entender que la lucha corresponde en primer lugar a la autoridad pública, y que nosotros tenemos derecho y deber de exigir justicia y de apoyar las iniciativas de la autoridad pública y para ello tenemos que vencer el miedo.

Tenemos que poner nuestra confianza en Dios, en las demás víctimas, en la sociedad y en la unidad y organización del pueblo.

 

Cosme Carlos Ríos

Junio 21 del 2014

14 de junio de 2014


La Santísima Trinidad la mejor comunidad

La mayoría de los católicos incluímos en nuestra oración diaria la glorificación a la Santísima Trinidad, no obstante, poco esfuerzo hacemos para vivir nuestra fe en comunidad.

Creemos en la Santísima Trinidad, pero utilizamos nuestras diferencias para confrontarnos y no para construir un mundo mejor en el que reine la ternura y el amor misericordioso hacia todo el pueblo.

 

El libro del éxodo nos presenta a Dios en relación con el pueblo  y con su líder Moisés. Según el texto que leemos hoy, Yahvé se muestra como un Dios tierno y bondadoso, que no se enojo fácilmente, y que tiene un amor muy grande por su pueblo

Se revela como un  Dios que siempre está  dispuesto a perdonar a quienes hacen lo malo.  Moisés pide a Dios que acompañe al pueblo en su caminar

Las diferentes religiones coinciden en que el texto del Evangelio que hoy proclamamos es corazón de toda la Escritura: Dios amó tanto a la gente de este mundo, que nos  entregó a su único Hijo, para que todo el que crea en Él, no muera, sino que tenga vida eterna.

Poco nos dice la Escritura sobre el misterio de la Santísima Trinidad, pero intuímos que se trata de una comunidad de personas diferentes, unidas en el amor: La mejor comunidad

El concilio Vaticano II nos enseña que la Iglesia es obra del Padre, del hijo y del Espíritu Santo; por eso la Iglesia tiene ser una comunidad de personas diferentes unidas por el amor y así reflejar a la Santísima Trinidad

 

Creer en la Santísima Trinidad significa para nosotros hoy mostrar en toda nuestra vida la ternura y la bondad de Dios que tiene un amor muy grande por su pueblo

Creer en la Santísima Trinidad significa para nosotros hoy colaborar con Jesús para que todos los creyentes gocen de una vida plena.

Creer en la Santísima Trinidad significa para nosotros hoy, un esfuerzo por transformar nuestras diferencias en colaboración, a fin de construir una comunidad en la que reine el amor y la unidad.

 

 

 

 

 

13 de junio de 2014


El pueblo de Dios es un pueblo misionero


 

Antes del Concilio la actividad de la Iglesia se concentraba en el Templo y no había actividades hacia afuera

Había algunos organismos de Iglesia que realizaban misiones y algunos otros se dedicaban a misionar en países extranjeros: El pueblo fiel sólo participaba en las misiones con su oración y con su donativo

Las situaciones marginales como alcohólicos, migrantes, indígenas, campesinos no eran preocupación de la mayoría de los creyentes

 

¡Quien tiene oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias! (Apocalipsis 3:13)

 

Lo que nos dice el Concilio:

En el Decreto sobre la actividad misionera de la Iglesia

En el número 2: Expone la teología de la actividad misionera. La iglesia toma su origen de la misión del Hijo y de la misión del Espíritu, según el designio de Dios Padre.

En el número 6: La misión de la iglesia es una e idéntica en todas partes y en toda situación. Varía según las circunstancias, que dependen unas veces de la iglesia y otras de los pueblos a los que va destinada.

En el cumplimiento de la misión de la iglesia hay momentos de comienzo, de crecimiento y progreso, de insuficiencia o estancamiento y también de bloqueo e incluso de retroceso.

Por eso, si bien la actividad misionera es distinta de la actividad pastoral habitual y distinta del ecumenismo, puede darse en multitud de situaciones, incluso en situaciones de vieja cristiandad.

En el número 36: Todos los fieles tienen el deber de cooperar a la actividad misionera. Su primera y principal forma de colaborador ha de ser vivir profundamente de acuerdo con el Evangelio.

Del número 37-41: Las comunidades cristianas no se renovarán verdaderamente si no llegan a tener por los que están lejos una preocupación semejante a la que tienen por sus propios miembros. Deberes semejantes de cooperación asisten a todos los estamentos y miembros del Pueblo de Dios.

 

Palabra de Dios

Mateo 28,16-20: Vayan por el mundo y hagan discípulos.

Marcos 16,14-18: Vayan  por el mundo predicando la Buena Noticia.

Lucas 4,16-20: Nos muestra a Jesús como el primer evangelizador.

En 1 Corintios  9,16-18 Pablo exclama: ¡Ay de mí si no evangelizare!

1 Timoteo 2,4-7: Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad.

Romanos 10,14-17: ¿Y cómo creerán si no han oído?

 

Comentario

La misión no es algo externo a nosotros, algo que elegimos, sino que, como miembros del pueblo de Dios, continuamos la misión que Jesucristo, recibió del Padre y realizó bajo el impulso del Espíritu Santo

En ocasiones la misión está naciendo y en otras se está desarrollando y fortaleciendo: La tarea de Pablo se dedicó al primer anuncio del Evangelio en culturas distintas del Evangelio: Es la etapa del nacimiento de la misión

Mientras no nos preocupemos tanto por los alejados como por los que están cerca de nosotros, no habrá una verdadera renovación de nuestras comunidades

 

Para relacionar la enseñanza del Concilio con nuestra vida

Dónde nosotros vivimos:

¿Cuáles son los lugares o ambientes humanos a los que no estamos llevando la Buena Nueva de Jesús (Sobre todo las situaciones de frontera o marginación?

¿Cuál es la Buena noticia de Jesús (no sólo palabras, sino actitudes y acciones) que esos lugares o ambientes necesitan?

¿Qué tocaría a las personas que son bautizadas y no están en alguna organización de Iglesia?

¿Qué tocaría a las personas que están en alguna organización de Iglesia?

 

Propuestas

Informarse sobre el proyecto Pueblo de Dios en misión y como mínimo hacer oración para que ayude a lograr que nuestras comunidades parroquiales se vuelvan misioneras

Estudiar en los grupos el tema de “Una Iglesia misionera

Aprovechar el Catecismo para comunicar a los niños esta visión de Iglesia misionera

Proponer a los coros que pongan cantos con sentido misionero

Hacer grupo con amigos creyentes para acompañar a personas que viven en ambiente de marginación o frontera

Cosme Carlos Ríos

 

 

 

 

 

7 de junio de 2014


El Espíritu Sano unifica y hace perder el miedo

 

Aunque la enseñanza del Concilio nos dice que somos pueblo de Dios, tenemos la costumbre de hacer nuestras prácticas cristianas de forma individual.

Poco nos interesamos por la vida, el sufrimiento, las necesidades de las personas que nos rodean en el barrio aunque profesemos la misma fe.

En las comunidades cristianas es costumbre que cada grupo realice sus actividades sin tomar en cuenta y sin apoyar a los demás

Aparecen los Consejos en cada comunidad, pero funcionan de una manera, meramente formal, y no se entienden como animadores e integradores del trabajo al servicio del Reino

 

En la tradición del Primer Testamento Pentecostés recibe el nombre de fiesta de las semanas porque se celebra a las siete semanas de la Pascua.

Originalmente era una fiesta agrícola vinculada al final de la siega sobre todo de los cereales. Más tarde se ha relacionado con el pacto del monte Sinaí.

En este contexto Lucas ubica el nacimiento de la Iglesia: Al igual que en el Sinaí, aparecen el viento y el fuego. La acción del Espíritu produce efectos semejantes a los que producen el viento y el fuego

El texto de los Hechos fue escrito por el año 80, año en el que el anuncio de la Buena Nueva de Jesús está llegando de forma comprensible a todos los rincones del mundo.

Lucas utiliza la simbología de Pentecostés para explicar el hecho de que, bajo el impulso del Espíritu Santo, el anuncio del Evangelio está llegando a todos.

El Espíritu Santo hace nacer, unifica e impulsa a la Iglesia para continuar el proyecto de Jesús.

Juan escribe el pasaje del Evangelio para cristianos fuertemente perseguidos por la casa de Jesús, lo que los ha llenado de miedo y han preferido encerrarse a continuar con la misión y arriesgar la vida.

El evangelista nos muestra la presencia del Maestro en medio de su conflicto: El les desea la paz y les da señales claras de que continúa vivo y esto les llena de alegría.

Jesús les indica que ellos han de continuar la misión que el mismo Jesús recibió del Padre y, repitiendo el soplo realizado al comienzo de la humanidad, les confiere el don del Espíritu Santo.

Con Él vencerán el miedo y el encerramiento y continuarán la misión por encima de los riesgos que comporta.

 

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa construir la unidad con los más cercanos para darnos valor, vencer el miedo, y enfrentar a los poderes de muerte, uniendo las voces en defensa de la vida

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa realizar nuestras celebraciones en forma comunitaria, e integrar en ellas el dolor y la necesidad de los hermanos.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa hacer que los Consejos impulsen todas las actividades de la comunidad y sean espacio para  apoyarnos unos a otros.

Para nosotros, creer en la acción del Espíritu Santo significa promover organizaciones para atender las necesidades de la Capilla, pero también las del barrio y de la sociedad.