21 de junio de 2014


No tengan miedo

En las últimas semanas me he enterado de personas secuestradas: algunas, extorsionadas y maltratadas, han pagado rescate y están en libertad, otras continúan desaparecidas sin ninguna información.

Ante esta situación es misión de los creyentes, acompañar, apoyar y consolar a las víctimas; pero asimismo nos corresponde construir la paz que sólo se obtendrá mediante el restablecimiento de la justicia.

Tenemos que acompañar a las víctimas para exigir que se haga justicia y además de eso, como constructores de paz, nos corresponde organizarnos para reclamar a la autoridad y apoyarla en su tarea de justicia.

El miedo a comprometernos, el miedo a que nos pase algo, la desconfianza en los demás, nos llevan a encerrarnos y paralizan nuestra misión: Hay que vencer el miedo. Esto lo exige nuestra fé en Jesús.

 

El profeta Jeremías vivió la experiencia del antes, durante y después de que el pueblo de Israel fuera deportado a Babilonia tras ser derrotados por los babilonios.

Los jefes de Israel, la casa real, la clase sacerdotal, el ejército y gran parte del pueblo, a pesar de ser un pequeñísimo reino decidieron enfrentar al poderoso imperio babilónico.

Pusieron su seguridad en que los descendientes de David permanecerían siempre en el trono, en que el Templo de Dios era inviolable y la ciudad de Jerusalén (Ciudad de Dios) era indestructible

Jeremías, un hombre pacifista, por encima de su miedo,  se opone a una guerra que ocasionará un gran derramamiento de sangre y por ello es acusado y agredido por los judíos amantes de la guerra.

En medio de esta situación Jeremías exclama: “Maldito el hombre que confía en el hombre. Bendito el hombre que confía en el Señor.

Los lectores originales del Evangelio de Mateo eran personas de origen judío, que, por los acuerdos tomados en la asamblea de Jamnia hacia el año 80, fueron expulsados, atemorizados, y perseguidos por la religión judía reformada.

El capítulo 10 de Mateo, en el comienzo, nos refiere que Jesús reunió y eligió a los Doce y los envió a una misión. Desde el principio los previene que hay la posibilidad de que sean rechazados.

Les advierte que su misión es como irse metiendo en la boca del lobo como corderitos, pero les ordena que no tengan miedo porque tienen un valor grande ante el Padre.

Jesús, por tres veces les repite la advertencia “No tengan miedo”.

 

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy,es necesario que venzamos el miedo para  realizar nuestra misión de acompañar, apoyar y consolar a las víctimas.

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy tenemos vencer el miedo y entender que la lucha contra la inseguridad y contra el crimen organizado no la podemos realizar en solitario sino unidos y organizados,

Si de veras creemos en Jesús en la realidad de hoy  tenemos que entender que la lucha corresponde en primer lugar a la autoridad pública, y que nosotros tenemos derecho y deber de exigir justicia y de apoyar las iniciativas de la autoridad pública y para ello tenemos que vencer el miedo.

Tenemos que poner nuestra confianza en Dios, en las demás víctimas, en la sociedad y en la unidad y organización del pueblo.

 

Cosme Carlos Ríos

Junio 21 del 2014

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