21 de enero de 2013


VII. EL ESPÍRITU

DE LA EVANGELIZACIÓN

Bajo el aliento del Espíritu

     75. No habrá nunca evangelización posible sin la acción del Espíritu Santo.  

En efecto, solamente después de la venida del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, los Apóstoles salen hacia     todas las partes del mundo para comenzar la gran obra de evangelización de la Iglesia.

     "Gracias al apoyo del Espíritu Santo, la Iglesia crece". El es el alma de esta Iglesia.

Él es quien explica a los fieles el sentido profundo de las enseñanzas de Jesús y su misterio.

Él es quien, hoy igual que en los comienzos de la Iglesia, actúa en cada evangelizador que se deja poseer y conducir por El, y pone en los labios las palabras que por sí solo no podría hallar, predisponiendo también el alma del que escucha para hacerla abierta y acogedora de la Buena Nueva y del reino anunciado.

Si el Espíritu de Dios ocupa un puesto eminente en la vida de la Iglesia, actúa todavía mucho más en su misión evangelizadora.

Puede decirse que el Espíritu Santo es el agente principal de la evangelización: El es quien impulsa a cada uno a anunciar el Evangelio y quien en lo hondo de las conciencias hace aceptar y comprender la Palabra de salvación.

Solamente El suscita la nueva creación, la humanidad nueva a la que la evangelización debe conducir, mediante la unidad en la variedad que la misma evangelización querría provocar en la comunidad cristiana.

A través de Él, la evangelización penetra en los corazones, ya que Él es quien hace discernir los signos de los tiempos -signos de Dios- que la evangelización descubre y valoriza en el interior de la historia.

 

Testigos auténticos

     76. Hoy más que nunca el testimonio de vida se ha convertido en una condición esencial con vistas a una eficacia real de la predicación.

Nos, les decimos a todos: es necesario que nuestro celo evangelizador brote de una verdadera santidad de vida y que, como nos lo sugiere el Concilio Vaticano II, la predicación alimentada con la oración y sobre todo con el amor a la Eucaristía, redunde en mayor santidad del predicador.

El mundo exige a los evangelizadores que le hablen  de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al Invisible.

El mundo exige y espera de nosotros sencillez de vida, espíritu de oración, caridad para con todos, especialmente para los pequeños y los pobres, obediencia y humildad, desapego de sí mismos y renuncia.

 

Búsqueda de la unidad

77. El testamento espiritual del Señor nos dice que la unidad entre sus seguidores no es solamente la prueba de que somos suyos, sino también la prueba de que El es enviado del Padre, prueba de credulidad de los cristianos y del mismo Cristo.

 

  Servidores de la verdad

78  El predicador del Evangelio será aquel que, aun a costa de renuncias y sacrificios, busca siempre la verdad que debe transmitir a los demás.

No vende ni disimula jamás la verdad por el deseo de agradar a los hombres, de causar asombro, ni por originalidad o deseo de aparentar.

 

 

Animados por el amor

79. La obra de la evangelización supone, en el evangelizador, un amor fraternal siempre creciente hacia aquellos a los que evangeliza.

 Un signo de amor será el deseo de ofrecer la verdad y conducir a la unidad. Un signo de amor será igualmente     dedicarse sin reservas y sin mirar atrás al anuncio de Jesucristo.

El respeto a la situación religiosa y espiritual de la persona que se evangeliza. Respeto a su ritmo que no se puede forzar demasiado. Respecto a su conciencia y a sus convicciones.

Otra señal de este amor es el cuidado de no herir a los demás, sobre todo si son débiles en su fe, con     afirmaciones que pueden ser claras para los iniciados, pero que pueden ser causa de perturbación o escándalo en los fieles.

 

 Con el fervor de los Santos

80. Este fervor exige, ante todo, que evitemos recurrir a pretextos que parecen oponerse a la evangelización.

Dios nos ha ordenado transmitir a los demás, con su misma autoridad, la Buena Nueva: los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a      la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si por     negligencia, por miedo, por vergüenza, o por ideas falsas omitimos anunciarlo?

¿Cuál fue la acción del Espíritu Santo en la obra de Jesús?

¿Cuál ha sido la acción del Espíritu Santo en la tarea de la Iglesia?

¿Por qué, de modo especial hoy tenemos que ser testigos auténticos?

¿¿Cuáles son los motivos por los que tenemos que buscar la unidad en la vida y en nuestra acción evangelizadora?

¿Qué se espera de todo evangelizador?

¿Cuáles son las señales de que el evangelizador está movido por el amor?

En nuestra comunidad ¿Qué nos falta para que nos dejemos guiar por el Espíritu Santo?

¿Qué señales de división hay entre nosotros?

¿Qué vamos a hacer para que en nuestra comunidad demos al Espíritu Santo el papel central que le corresponde?

¿Qué vamos a hacer para avanzar en la unidad y coordinación de nuestras actividades?

 

Extractó Cosme  Carlos Ríos

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