8 de junio de 2013


Enjugar las lágrimas, devolver la vida

En nuestras comunidades, de modo particular desde que aparece el crimen organizado, ha aumentado el número de muertes y de familias desconsoladas.

Aunque los Obispos mexicanos en el 2010 hicieron una reflexión sobre este tema e hicieron propuestas para que asumieras este ministerio, pocas comunidades hemos tomado en serio el ministerio de consolación.

También hay muchas personas, muertas en vida como los indigentes, los alcohólicos y  drogadictos y hacemos poco para devolverles una vida digna

El profeta Elías de Tisbé, del que no habla la primera lectua realizó su ministerio en el reino del Norte durante el reinado de Acab y Jezabel.

Elías es un apasionado defensor de la fé en Yahvé, lo que lo lleva a un fuerte enfrentamiento con la pareja real que lo persigue a muerte, por lo que tiene que huir a territorio de Sidón.

Elías pertenece al grupo de los primeros profetas, los que no dejaron escritos, por lo que la historieta que hoy se nos narra, recoge memorias populares sobre él, pues los libros de los Reyes se terminaron de escribir unos 400 años después del profeta.

Aunque los datos no sean históricos, ciertamente nos muestran la orientación que tuvo la vida y la actividad de Elías: siempre en defensa de la vida.

Una viuda pobre, que vive con su pequeño hijo ha dado hospitalidad al profeta perseguido, pero sucede que el pequeño enferma de gravedad y muere por lo que ella increpa al profeta.

Elías le pide que le dé al niño, lo toma en sus brazos, sube al cuarto donde se hospeda, e invoca a Yahvé, se tiende sobre el niño, le vuelve al respiración y lo devuelve a su madre.

La compasión por el sufrimiento de los desamparados es una preocupación importantísima en la vida del profeta.

Jesús de Nazaret va de camino con su comitiva y al entrar en Naim se encuentra otra comitiva, esta, fúnebre, que tiene como centro a una madre viuda que acaba de perder a su hijo único.

En el tiempo de Jesús las viudas, junto con los huérfanos, son el prototipo de la gente débil e indefensa. Por eso la ley israelita las protegía particularmente contra toda posible injuria u opresión. Dios vela de modo especial sobre ellas, y lo mismo deben hacer los demás.

Jesús al ver a la mujer se conmueve por ella y le dice: “No llores”. Se acerca al féretro y dice al difunto: “Joven a ti te digo levántate” y el joven volvió a la vida.

Actuar como Jesús y como Elías ha de significar para nosotros estar al pendiente del dolor y del sufrimiento humano, ejerciendo el servicio de la consolación en nombre del Padre común.

 Actuar como Jesús y como Elías ha de significar para nosotros luchar para que se les devuelva una vida digna a indigentes, los alcohólicos y  drogadictos.

Actuar como Jesús y como Elías ha de significar para nosotros luchar para que los jóvenes encuentren oportunidades para su educación, oportunidades para su recreación y para que encuentren un empleo digno y bien remunerado.

CCR

 

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