14 de mayo de 2016

El Espíritu Santo hace nace, guía y fortalece a la Iglesia para continuar la Misión


Tenemos la costumbre de ver al Espíritu Santo en relación con nuestra vida personal, pero poco lo vemos en la vida de la Iglesia y en nuestra misión de discípulos de Jesucristo.
Poca conciencia tenemos de que la evangelización es la tarea esencial de la Iglesia. Muchos pretextos ponemos para participar en la misión, estos pretextos reflejan nuestros miedos, nuestra inseguridad.
Dejamos la misión de la Iglesia para los ministros, para los cristianos muy preparados y el resto nos quitamos la responsabilidad que nos toca en la misión de Jesucristo.

Pentecostés no es una fiesta originariamente cristiana,  ni siquiera israelita, sino una celebración que es parte de una cultura religiosa.
Como «Fiesta de las Semanas» o «de la Cincuentena», en Israel fue una fiesta netamente agraria, que celebraba el inicio de la cosecha.
Se celebraba siete semanas (cincuenta días) a partir de la Pascua, para dar gracias a Dios por la nueva cosecha
En el judaísmo tardío se transformó en festividad plenamente religiosa: pasó a ser memoria del don de la Ley en el Sinaí al pueblo liberado de Egipto.
Lucas, autor del libro de Los Hechos,  conocía esta tradición y quiso asociar el don del Espíritu, enviado por Cristo resucitado, al don de la Ley recibido en el Sinaí.
La lectura de hoy señala además: “estaban todos juntos en un mismo lugar”. Con estas palabras se quiere sugerir que los presentes estaban unidos, no sólo en un mismo sitio, sino con el corazón.
Lucas utiliza el símbolo del viento para hablar del don del Espíritu: Es una forma de decir que se trata de una manifestación divina, ya que el actuar de Dios no puede ser calculado ni previsto por el ser humano.
El ruido llega “del cielo”, es decir, del lugar de la trascendencia, desde Dios. Su origen es divino. Y es como el rumor de una ráfaga de viento impetuoso.
El autor quería describir el descenso del Espíritu Santo como poder, como potencia y dinamismo y, por tanto, el viento era un elemento para expresarlo
Lucas se sirve luego de otro elemento: el fuego, que es símbolo de Dios como fuerza irresistible y trascendente.
La fuerza interior y transformadora del Espíritu, se vuelve ahora capacidad de comunicación, que inaugura la eliminación de la antigua división entre los seres humanos a causa de la confusión de lenguas en Babel
El pecado condenado en el relato de la torre de Babel, es la preocupación egoísta de los seres humanos que se cierran y no aceptan la existencia de otros grupos y otras sociedades.
El Espíritu debe venir continuamente para perdonar y renovar a los seres humanos para que no se repitan más las tragedias causadas por el racismo, la cerrazón étnica y los integrismos religiosos.
El Espíritu de Pentecostés inaugura una nueva experiencia religiosa en la historia de la humanidad: la misión universal de la Iglesia.
La palabra de Dios, gracias a la fuerza del Espíritu, será pronunciada una y otra vez a lo largo de la historia en diversas lenguas y será encarnada en todas las culturas.
El evangelio nos muestra que Jesús se hace presente en medio de sus discípulos encerrados y llenos de miedo a los judíos.
Jesús les desea la paz, la abundancia de los dones de Dios, se identifica ante ellos mostrándoles las heridas que sufre por el anuncio y realización del Reino.
Declara: “Como el Padre me envió, así los envío Yo”, y para que puedan realizar el encargo, la misión, sopla sobre ellos y les dice: “Reciban el Espíritu Santo”

Celebrar Pentecostés implica para nosotros abrirnos a la acción del Espíritu Santo, que con su soplo infunde vida y con su fuego impulsa a continuar la misión de Jesús, luchar contra nuestros miedos y nuestros complejos.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros repasar cada día la Misión de Jesús, para no perderla de vista, y buscar la forma de realizarla en el tiempo y el lugar en el que estamos nosotros.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros entender que la Misión no es sólo para las personas de nuestro grupo, raza o religión, sino que es para todos.
Celebrar Pentecostés implica para nosotros entender que la predicación no es  para llamar la atención, sino para ayudar a los hermanos en una forma comprensible a que conozcan, amen y sigan  Jesucristo.
Cosme Carlos Ríos
Mayo 14 del 2016


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