10 de agosto de 2013


Para esperar la venida de Jesús:

Compartir nuestros bienes y ser servidores.

Vivimos una espiritualidad más al estilo de los monjes, con énfasis en la vida contemplativa y por ello, desde la fe no damos mucho valor a las actividades de la vida diaria.

El desprendimiento evangélico de los bienes y la actitud permanente de servicio no forman parte de las actitudes fundamentales de cada cristiano.

La espiritualidad significa vivir el Evangelio de Jesús en el tiempo y en el estado de vida de cada uno: por eso la forma de vivir el evangelio tiene que ser diferente en los religiosos, los ministros ordenados y el pueblo fiel.

El común de los bautizados tiene que vivir el Evangelio en las actividades familiares, económicas, educativas, políticas, etc., mientras que los ministros tenemos que vivirlo realizando nuestro ministerio conforme al Evangelio, y los Religiosos han de vivir el Evangelio de acuerdo a las normas de su instituto.

 

El libro de la Sabiduría nos recuerda la importancia que tenía la fiesta de Pascua para el pueblo de Israel

En la celebración de la Pascua, los israelitas fortalecían su esperanza en el mundo nuevo de Dios (Sin impuestos ni trabajos forzados) y renovaban su compromiso de colaborar con Él en la construcción de ese mundo nuevo.

Jesús, después de la parábola del rico necio, se dirige a sus discípulos para insistir en la necesidad de estar en vela. Para ello dos son las actitudes básicas del discípu­lo de Jesús:

1) Vendan  sus bienes y dénlo en limosna; háganse bolsas que no se estropeen, una riqueza inagotable en el cielo; .. donde tengan su riqueza tendrán el corazón.

2) Tengan el delantal puesto y encendidas las velas; como los que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para, cuando llegue, abrirle en cuanto llame.

El mandato de vender los bienes, tiene que ser vivido hoy de una manera diferente. Pero el espíritu es claro: ser solidarios, compartir, hacer partícipes a los demás de los bienes que llamamos 'propios'; ser miseri­cordiosos, compasivos, justos.

Ejercer de servidores, es la esencia del cris­tianismo es el servicio incondicional al prójimo hasta la muer­te. Y esto no es consejo para unos cuantos, sino para todos

Sólo así estaremos preparados, en vela, para la vuelta del amo de la boda, imagen del reino definitivo, que se anticipa cada vez que celebramos la eucaristía.

En la celebración de la Eucaristía los discípulos de Jesús fortalecemos nuestra esperanza en el mundo nuevo de Dios (El reino del amor, de la justicia, de la verdad y de la paz) y renovamos nuestro compromiso de seguirlo anunciando y construyendo.

 

Celebrar la Nueva Pascua en la Eucaristía ha de significar para nosotros comprometernos a trabajar por combatir las causas de todo lo que deshumaniza a la persona.

Celebrar la Nueva Pascua en la Eucaristía ha de significar para nosotros para nosotros vivir permanentemente sirviendo a los niños más débiles, a los adolescentes menos atendidos, a los ancianos olvidados.

Celebrar la Nueva Pascua en la Eucaristía ha de significar para nosotros vivir con austeridad y solidaridad, deshaciéndonos de todo aquellos que no necesitamos y a otros les hace falta

CCR

Agosto 10 del 2013

 

 

 

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